Entrevista a Diana Glez: «Todo escritor tiene su sello y, mientras no lo pierda, estará siendo honesto»

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Diana Glez es una poeta mexicana con la que coincidí en noviembre del año pasado. Ya no recuerdo cómo di con ella, pero lo cierto es que, desde el primer poema, me sentí irremediablemente atrapado en sus letras, tanto así que no dudé en seguirla y en leer el resto de sus publicaciones de Instagram. Sus poemas son sublimes, dotados de una belleza que toca fibras sensibles en quienes somos románticos, y tienen una cadencia que puedo describir como limpia, fluida y armónica. Leer a Diana es una experiencia muy bella, sin duda, y fue precisamente por esa admiración que nació desde la primera lectura que me animé a pedirle que me concediera una entrevista para este portal. Ella, muy amable y cordial, aceptó, y aquí la tenemos.

Cabe recalcar que el desarrollo de esta entrevista consistió en formularle por escrito una serie de preguntas que ella respondió mediante audios, los cuales he terminado transcribiendo en este artículo. No negaré que por mi parte me he permitido intervenir en algunas de ellas haciendo uno que otro ajuste, más corrección de estilo (como lo que hago cuando edito libros) que otra cosa, por lo que la esencia de sus respuestas queda incólume y sin alteraciones.

Al final de este artículo se encuentran las redes sociales de Diana y, desde ya, están invitados a seguirla.

Sin más que decir, espero que disfruten de esta conversación que tuvimos, tanto como la disfrutamos nosotros.


Hablemos un poco de la Diana detrás del arte. ¿Dónde naciste? ¿Qué estudiaste?

Nací en Ciudad de México, estudié Ingeniería Bioquímica. Realmente siempre he sido buena con la química y con todos estos temas relacionados a esta rama. La carrera se me hizo muy completa y realmente es muy compleja también. Conoces un mundo que uno no se imagina, pero adentrarme a ello me es muy interesante.

Tal vez muchos se preguntan qué tiene que ver la escritura con la ingeniería bioquímica y, pues, creo que debemos dejar de encerrarnos en la idea de que todo tiene que ir ligado para que tenga sentido. Estoy de acuerdo que en algunas cuestiones es necesario, pero en el caso de estudiar, de aprender, de seguir tus pasiones, de ser bueno en varios campos no tiene que enfrascarse, ¿me explico?

Lo curioso es que puedo usar ciertos conceptos y tecnicismos de la carrera en la poesía. De esa forma pueden estar ligados ambos rubros. La escritura tampoco la veo como un hobby o algo ocasional, pues es algo que me gustaría ir agregando a mi vida de una forma profesional y verme como una escritora como tal. Quizá no con una remuneración económica fuerte, pero sí me gustaría llegar a muchísimas más personas en este campo, y en mi campo laboral también me interesa seguir creciendo, seguir aprendiendo absolutamente de todo. Soy una persona muy curiosa, alguien que, si le atrae un tema, lo va a leer, lo va a investigar. Soy un ser artístico y puedo ver el arte también en la bioquímica. Esa es Diana en este ámbito.

Me gustaría saber qué te ha motivado entrar al mundo de la escritura. ¿Desde cuándo escribes y por qué?

Digamos que lo primero que me motivó viene desde que era niña. Siempre he sido alguien creativa, imaginativa. Tenía una libretita que era mi diario. Entonces ahí me di cuenta de que era buena para crear historias, incluso en la escuela, cuando nos mandaban a escribir un cuento, lo hacía sin problema. Y desde ahí empecé a notar que, cuando escribía, me centraba mucho en eso y me sentía muy yo haciéndolo.

Cuando fui creciendo, no dejé de escribir, pero tampoco lo tomaba tan en serio, hasta que, un día, me rompieron el corazón. Claro que yo siempre escribía, pero pensaba que mis escritos no eran tan buenos. Un día, sin embargo, una frase mía me convenció por completo, después de esta ruptura. Decía algo así: «Pudimos esperar, pero saliste corriendo, sabiendo que me habías amputado las esperanzas, incluso hasta las piernas, para poder alcanzarte». Te juro que es una frase que se me quedó tan, tan arraigada que pensé para mí: «Duele, pero fue un dolor que pudiste traducir con palabras no tan banales o comunes. Pudiste haber dicho, comúnmente, “duele”, pero lo dijiste de una manera poética». Y a partir de esa frase me puse a escribir más y más, y pude, de alguna forma, suturar esta herida que me habían dejado. Me empecé a motivar más y empecé a creer más en mí. En la preparatoria un maestro vio talento en mí y me motivó a entrar a un concurso que gané.

Hoy también te puedo decir por qué sigo escribiendo: porque me siento libre. Cuando escribo, siento una libertad inocua, que me permite ser realmente yo, en un mundo que se expande, donde las palabras pueden tener forma, un tacto, un arte que puede ser moldeable y palpable, aunque digan que los sentimientos no se tocan, que no son tangibles, pero yo lo siento así. Siento que puedo moldear cualquier sentimiento, y puedo explayarme tanto como yo quiera. Para mí escribir es libertad y por eso escribo.

Me gustó que hayas dicho que pudiste expresar un dolor con palabras poco comunes. Me parece que es algo que los escritores buscamos a la hora de hablar de un sentimiento: que no se note repetitivo o muy básico. ¿Alguna vez te ha pasado que, de tanto hablar de un sentimiento, luego ya no encuentras palabras para seguir expresando eso de manera no tan simple? ¿Qué haces en esos casos con los bloqueos creativos?

Siempre van a existir, digamos, pequeños bloqueos. A veces, cuando llegan y me quiero obligar a seguir escribiendo sobre algún sentimiento en específico, quiere decir que, por el momento, he dicho todo lo que tenía que decir, y no me obligo. Creo que hay veces en las que el silencio también dice muchas cosas. Sé que tengo la capacidad de sentir, que soy un ser muy sensible, que ve las cosas desde muchas perspectivas y, si ese sentimiento no sale de manera natural, pues lo dejo a un lado y pongo sobre la mesa otros temas de los cuales sé que puedo escribir. Uno de estos bloqueos me pasó con un rompimiento que tuve y me di cuenta de que lo había superado cuando ya no tenía nada más qué decirme, o qué decirle.

Hay todo tipo de escritura de poesía y, para muchos, mi poesía puede ser básica; para otros a lo mejor no. Para mí no lo es, y no lo digo desde el egocentrismo, pero realmente no me gusta obligarme a escribir sobre un sentimiento que en ese momento no es mío. Y si de plano siento que tengo que terminar ese texto y la ansiedad me lo impide, indago, busco otras maneras de poder inspirarme, incluso siento que a veces he sido afortunada porque no sé si ella me busca o yo la busco, pero puedo encontrar la inspiración en un libro, en una película, en una frase… soy muy receptiva, soy muy sensorial, desde algo que veo, algo que escucho, algo que siento, algo que saboreo, algo que palpo. Desde ahí puedo seguir explayándome para poder escribir. Si aun con todo esto, el bloqueo sigue, creo que el silencio dice también muchas cosas y eso también está bien. Las palabras a veces sobran un poquito. Si no puedo escribir un texto largo, escribo frases; la brevedad también dice demasiado.

¿Hay algún autor cuya obra o manera de escribir ha influenciado la tuya?

Elvira Sastre. Y hay otros autores que me inspiran muchísimo, pero Elvira Sastre es la primera que puedo mencionar, porque la empecé a leer cuando tenía quince años. La descubrí en su blog; aún no era esta escritora famosa que conocemos actualmente. Me tocó su manera de escribir, me sentía identificada porque todas las escritoras que yo había leído no usaban el pronombre “ella”, y me hizo sentir libre, porque por primera vez había leído a alguien que lo usaba y, obviamente, mostraba su sexualidad tal y como era. Yo en ese entonces ya escribía de manera formal, y mis escritos iban dirigidos también a una ella. Y Elvira me dio esa libertad, esas alas para no tener miedo de escribir un “ella” o un “nosotras”. Y creo que ver a alguien que habla así, que no tiene miedo de decir quién es, me motivó bastante.

Todas sus obras me hacen sentir libertad, me hacen sentir el dolor, el amor, la soledad… me hacen sentir todo. Y esa manera en la que acomoda las palabras de verdad que me da una voz, o incluso el silencio. Ella realmente ha sido alguien que me ha inspirado e influenciado muchísimo. Mi primer acercamiento con la poesía, con la escritura, fue ella, aunque también estuvo Pablo Neruda que me marcó mucho con «Veinte poemas de amor y una canción desesperada».

Y hablando de Elvira Sastre, veo que tuviste la oportunidad de conocerla en persona. Cuéntame sobre esa experiencia.

Para mí, conocer a Elvira es un antes y un después, si te soy sincera. Siempre quise conocerla y, cuando vi la oportunidad de hacerlo, no lo dudé. Incluso, ese día, parecía que todo iba en contra y, pues, no me importó la lluvia, que hubiera demasiada gente, debido a que llegué un poco tarde, pues fui de las últimas, pero incluso eso tuvo sus ventajas. Cuando la vi de lejos me emocioné muchísimo y me dije: «Es Elvira Sastre, quiero que estés muy, muy presente en el momento cuando te toque pasar». Iba con un amigo y le dije que se encargara de las fotografías y todo eso. Te juro que, cuando pasé, me sentí de la forma más natural posible. Creo que desde ahí también me adjudiqué una seguridad, ¿sabes? Admiro mucho a Elvira, pero pude hablar con ella con una normalidad que incluso me sorprendió.

Después de ello, obviamente, sentí esa emoción y esa palpitación en el pecho, pero incluso pude decirle algunas cosas con respecto a mi escritura y ella me escribió: «Nunca dejes de escribir», y te juro que después de que lo leí comencé a llorar un poquito, en mis adentros, y no me lo creía. Fue algo realmente muy grato para mí incluso reírme con ella. En ese momento también estaba Andrea Valbuena que, si te soy sincera, últimamente me he sentido muy identificada con sus escritos y también me sentí muy afortunada de haberla conocido; es un ser muy cálido, las dos son seres muy cálidos. Pero pude sentir ese abrazo. Y siempre que siento algo malo, o cuando no tengo inspiración, abro el libro que ella me firmó (se llama «Aquella orilla nuestra») y leo lo que me escribió: «Nunca dejes de escribir». La verdad es que me resulta inspirador y motivacional. Así fue mi experiencia con Elvira.

¿Recuerdas el primer poema que escribiste?

Sí, puedo recordar el primer poema, porque es uno de mis favoritos. Lo leo y me sigue gustando tal y como es, y de ahí puedo extraer muchas frases que me gustan. Es un poema que no he subido a ningún lado, a ninguna red social. Se llama «Para tu adiós no pronunciado» dedicado a una persona que en su momento, pues, no me quería, de esos amores a medias que simulan sostenerte apenas agarrándote con la punta de los dedos, que fingen un abrazo pero no lo sienten, que están pero no están. Era como que se iba, pero seguía haciendo ruido. Y hay una frase que me gusta mucho de ahí que dice así: «Estoy hecha un garabato por dejarte escribir en mí, y yo en ti dibujé la primavera». A esta persona le dediqué muchísimos de mis poemas que, de hecho, son de mis favoritos.

¿Cuánto tiempo dedicas a escribir? ¿Hay algún momento determinado del día en que escribes o no tienes preferencia?

Me gustaría tener una respuesta concreta y decirte algo como “una o dos horas”, pero realmente siento que puedo escribir todo el tiempo, incluso yendo en el transporte público, cuando estoy acostada en mi cama, sea en la mañana, tarde o noche, para mí escribir está en todo tiempo. Es relativo. El escribir para mí es un espacio, y puede constar de una hora o dos horas. Pero también tengo horarios, digamos, “formales” que puedo aplicar si me quiero dedicar a algo, como, en este caso, escribir un poemario, y ordeno mis tiempos. Puedo escribir por horas, incluso, aunque a veces también hay bloqueos, algo completamente normal, y tampoco me puedo saturar de ello.

Creo que últimamente mis poemas han tenido espacio en las mañanas. La tristeza me visitó en algunos días y ver el amanecer siempre me motiva, no para escribir cosas optimistas o idealistas, sino también para traducir mi propia verdad a pesar de que el sol esté tocándome la cara. En las mañanas tengo momentos muy sublimes para mí, para mi escritura.

¿Qué géneros literarios lees con más frecuencia?

Me gusta mucho la poesía como tal; puedo mencionar a Pablo Neruda, Jaime Sabines, Elvira Sastre. Me gusta mucho una poeta mexicana que no es muy conocida: Julia Melissa Rivas Hernández. Poesía es lo que más leo, pero también me gustan mucho las novelas románticas y, últimamente, he estado leyendo un poco de ciencia ficción porque quiero expandir mis géneros literarios. Sabemos que leer también es una parte imprescindible para poder escribir y para poder crear todo lo que queramos plasmar con palabras. También me gusta mucho leer biografías. Soy fan de Van Gogh, él también me ha inspirado bastante; muchos de mis escritos también van dedicados al arte porque me gusta pintar. Siempre me había gustado dibujar, pero nunca me había atrevido a pintar como tal. Entonces empecé a conocer su historia y todo esto me inspiró a ello, pero también pude plasmar mi arte en mis poemas. Digamos que pintaba, pero el pintar me inspiró a escribir. Por eso me gusta mucho leer biografías, e incluso las cartas que Van Gogh escribió en vida; es uno de mis libros favoritos.

Eduardo Galeano me gusta mucho. Tiene un libro que se llama «La canción de nosotros», que no se sabe si es un poemario o es una novela, pero te va contando una historia a través de él, y me encanta bastante. También las novelas de Mario Benedetti. Uno de mis libros favoritos es «Doce cuentos peregrinos», de Gabriel García Márquez. Entonces, digamos, que un poco de todo, pero últimamente estoy intentando leer cosas que, quizá, no son mucho de mi entorno literario, como terror. Intento empaparme de todo un poco.

¿Qué opinas de la felicidad con respecto a la literatura? Por ejemplo, Julio Ramón Ribeyro decía que no se puede escribir sobre la felicidad, que es como un escollo imposible de sortear por el escritor, y su frase al respecto es: «Donde empieza la felicidad, empieza el silencio». He escuchado a muchas personas decir que las mejores obras de arte se hacen con el corazón roto. ¿Compartes la idea de que no se puede escribir sobre la felicidad? ¿A qué crees que se deba el no escribir sobre ella de manera tan frecuente como pasa con la tristeza, la soledad, la pérdida?

Esta pregunta me parece muy interesante, incluso me emociona. Concuerdo con que las mejores obras se han escrito desde un punto melancólico, triste o roto, por así decirlo. Creo que todo sentimiento es efímero, incluso la tristeza y la felicidad, pero por alguna razón siempre se nos es más fácil escribir o pintar con el corazón roto, o desde un punto muy oscuro, y creo que el artista es muy valiente al adentrarse en esa penumbra. Quizá por eso la tristeza se vuelve un poco adictiva.

Con respecto a esta frase que mencionas de Julio Ramón Ribeyro, he de decir que me sentí identificada porque en este momento de mi vida me encuentro feliz, correspondida en el amor, en algunos proyectos… Pero estaba buscando motivos para sentirme triste, no sé si me explico. Me digo: «¿Ahora sobre qué voy a escribir? No tengo el corazón roto». Buscaba la tristeza. Hoy me siento feliz pero sé que la felicidad es efímera. Incluso nos sentimos más identificados si vemos una película triste, si leemos algo triste, y si alguien está tan sobajado nos sentimos identificados con él. Entonces creo que estamos tan extraviados de la felicidad que, cuando la encontramos, no sabemos qué hacer con ella. Quizá por eso empieza el silencio.

Pero también tengo escritos que hablan de la felicidad, e incluso en ellos siempre he hablado un poco con melancolía. Cito momentos tristes de mi vida en un poema en el que estoy escribiendo con respecto a la felicidad; es decir, en un poema feliz hay contrastes tristes. Alguien una vez me dijo algo que quizá no había notado del todo: que podía empezar con algo triste, con algo de penumbra, algo melancólico, con cualquier sentimiento que no era precisamente de felicidad y que siempre, al final, agregaba algo de esperanza. Y que por eso también le gustaba leerme, porque aunque en toda esta oscuridad que plasmaba, al final encontraba como una pequeña lucecita. Y que ese era mi sello. Obviamente no en todos, pero sí en algunos que esta persona señaló y eso me pareció muy curioso.

Creo que hay que aprender a encontrarnos en la felicidad. He estado buscando inspiración en ella y no nada más en alguien, y así como puedo indagar en mi tristeza, sé que también puedo indagar en mi felicidad porque también tengo escritos de esperanza, donde emano luz, donde tengo toda una cromática sentimental y creo que, sin la tristeza, no hay felicidad; y sin felicidad tampoco habría tristeza. Todo es un equilibrio.

¿Estás escribiendo un poemario? ¿Qué planeas reflejar en él?

Sí, estoy escribiendo un poemario. No quiero revelar, por el momento, el título (aunque sé que lo vas a conocer dentro de pocos días), pero puedo decir que tiene contrastes demasiado importantes para mí. Está basado en una historia real y lo que quiero reflejar es que no hay que tener expectativas sobre nada, que lo importante realmente es vivir el momento; quiero reflejar que todo es relativo y que todo va desde la perspectiva en que lo veas o lo tomes: una pérdida, un encuentro, un amor, el cambio, el tiempo, un corazón roto. Yo que lo viví puedo dar respuestas a los temas que manejo en este poemario: el amor, el desamor, la expectativa, la idealización, el romantizar, el perder (recordando que perder también significa encontrarse). También va mucho sobre mí, más allá de si algunos poemas van dirigidos a una persona. Se van a encontrar con puntos claves dentro de este poemario. Lo que también quiero reflejar en él es que hay que tomar todo lo bueno de la vida (e incluso todo lo malo) para poder encontrarse a uno mismo.

Tengo que decir que me siento muy identificado contigo. Yo también amo dibujar —aunque, a diferencia de ti, no me he atrevido a pintar—; yo también le escribí poemas —que se convirtieron en mis favoritos— a una persona que ahora no está; yo tampoco pienso publicar mis primeros poemas; también tengo la idea de que escribir es libertad y que a veces busco la tristeza para escribir porque la felicidad casi no me inspira. Me parece bonito que coincidamos en muchas cosas. Cuéntame ahora un poco más de tu inclinación a la hora de escribir: ¿todo lo que cuentas en tus poemas es real; es decir, te basas en historias reales, o también incluyes ficción?

Qué grato que coincidamos en tantas cosas. Ya tiene un ratito que no pinto, pero fue un momento clave en mi vida para poder escribirle a algo que realmente me gusta hacer.

Contestando a tu pregunta, sinceramente sí, la mayoría de mis poemas son reales, tanto si tienen mi perspectiva o la de otra persona. Pero también se vale ser un poco imaginativo. Hace unos dos o tres años algunos de mis poemas no eran del todo ficticios pero me basé en alguien que no me quería, entonces llenaba esos espacios en blanco con cosas que no pasaron, cosas que quería que pasaran o esta expectativa de cuando alguien está pero no está. Pero realmente me baso mucho en mis sentimientos, en lo que vivo… Te digo que mi inspiración viene de cosas visuales, como una película, una pintura, leer, incluso de una palabra. Me encanta conocer palabras nuevas, las cuales me sirven para expresar un sentimiento que no se limite al amor de noviazgo, sino también de amor de hermanos, amor a mis abuelos, amor a mi perro, amor a mi mamá, a mi papá. Todo lo que escribo es real, pero también tengo algunos textos que contienen más imaginación que realidad.

Como escritores, cuando leemos las obras de otros, tarde o temprano nos encontramos con una que nos inspira decir: «Ojalá yo hubiera escrito esto». ¿Ya te has encontrado con esa obra?

Sí, me ha pasado y me pasa mucho con Elvira. Cuando leí el poema «Llovimos tanto que me ahogué» me inspiró, dije: ojalá yo hubiera escrito esto. No con envidia, sino como una expresión de: «Qué hermoso es esto. Cuánto me tocó. Es tan bueno que ojalá yo lo hubiera escrito». Pero también veo esta parte de: «Qué fortuna sentir un escrito de esta forma». Y sentirlo tan mío aunque yo no lo haya escrito. Eso es lo que hace la lectura, la poesía: sentirte identificado, sentir algo como tuyo, disfrutar ese lenguaje universal con el que uno se encuentra. Por ejemplo, cuando yo escribo intento buscar este lenguaje universal sin olvidarme de mí. Creo que si un escritor hace eso es maravilloso.

Incluso puedo decir que me pasó contigo, tú sabes a qué poema me refiero, a esa mancha en la pared. Cuando lo leí me gustó muchísimo y no dudé en seguirte leyendo, incluso recuerdo que texteamos ese día y me pareció algo muy, muy maravilloso. Dije: ojalá yo hubiera escrito esto. Me pasó también con un poema tuyo reciente que incluso te dije que me había hecho llorar un poco. Ahora entiendo por qué es de tus favoritos.

Veo que te gusta compartir fotografías junto a tus poemas. Cuéntame, ¿es una simple afición o te has adentrado en ese mundo de manera profesional? ¿Cómo conjugas la fotografía con la escritura?

Digamos que primero estaba buscando imágenes para mis poemas. Se me hacía un poco simple sólo mostrar mis escritos. Y tampoco mi idea era llamar la atención con las fotografías, no lo hice con ese afán. La verdad es que me empecé a dar cuenta de que me gustaba tomar fotografías cuando un simple árbol lo veía desde otra perspectiva, incluso me ayudó muchísimo también a escribir y lidiar con ciertas situaciones de mi vida. Creo que la fotografía te ayuda a eso: ver las cosas de una manera distinta, desde otro ángulo, saber que todo puede ser muy bello, y que no son cosas simples. A veces estamos tan acostumbrados a pasar por la calle y ver el mismo árbol de siempre o ver la misma fachada de tu vecino, o incluso ver las manos de tu hermano, ver los ojos de tu papá, ver las manos de tus abuelos como algo que sólo está ahí.

Entonces, cuando yo empecé, mi idea era, primero, fotografiar manos; para mí las manos son como un conducto, que es un lenguaje muy bello y que te comunica tantas cosas porque siento que sostienen todo. Las manos tienen contacto con todo. Entonces empecé fotografiando las de las personas que amo: a mi hermano (que creo que ha sido mi mejor modelo), que tiene unas manos bellas, muy sutiles y duras pero que comunican tanto. También estuvo mi abuelito, que desgraciadamente perdió dos dedos, y quería retratar esta belleza, que aun así, aunque te falten partes de tu cuerpo, puedes seguir siendo bello, y para mí las manos de mi abuelo son las manos más fuertes y completas que conozco. Y siguiendo este sentimiento he fotografiado los ojos de mi mamá, las manos entrelazadas de mis abuelos que para mí significan amor, y quería hacer esta unión con mis poemas para que tuvieran un significado más exponencial de cómo podía tomar una foto y escribir sobre eso o simplemente escribir y luego buscar una foto que complemente el escrito. No precisamente ambos (el texto y la foto) están relacionados, aun así, inmiscuido sí tiene un pequeño significado; no del todo, pero sí. Hay veces en que tomo mis fotografías en el momento en que me inspiro, ya sea un cielo, o árboles, aunque estén secos, pues tengo una fuerte afición por la naturaleza, o edificios, pues creo que su arquitectura tiene una historia que todos podemos entender de alguna forma, incluso hubo un tiempo en que escribí mucho sobre edificios, ya sabes, textos relacionados con la arquitectura (al inicio fue porque me había enamorado de alguien que me rompió el corazón, así que hoy tiene otro significado), y en ese tiempo también tomé fotos urbanas.

No lo hago de manera profesional, la verdad sólo soy una aficionada de la fotografía. Me gustaría adentrarme un poco más, claro que sí. Se me hace algo bastante interesante y creo que podría mejorar aun más en mis fotografías.

Sí tiene relación con mi escritura, y espero que el lector pueda verlo.

¿Qué aspiras lograr con la escritura a largo plazo? ¿Tienes un norte (como convertirte en una escritora reconocida e influyente) o no te has proyectado aún?

Sí, realmente me he proyectado. Tengo algunos planes a largo plazo, e incluso a corto plazo con respecto a mi poemario, que me da mucha ilusión, que se está puliendo aún, y en estos días podrás leerlo. Pero también quiero educarme más. Tengo planeado tomar algunos diplomados para poder mejorar en ese campo. Creo que me lo empecé a plantear más seriamente hace dos años aproximadamente. Sabía que me gustaba escribir, y nunca lo vi como un hobby, pues realmente sí quería llegar a más personas, y me inspiro muchísimo cuando me llegan mensajes de mis lectores diciéndome que les tocó mi escrito, que lo han entendido, que necesitaban leerlo, que no sabían cómo sacar sus cuestiones pero leyéndome pudieron comprenderse. También habrá malos comentarios, pero eso es lo que nos hace crecer como escritores, no sé si estás de acuerdo con eso…

Voy paso a paso construyendo un “hueco” desde el presente; o sea, un hueco para el futuro, ¿me explico? Para poder tener ese espacio en el futuro, y todo haciéndolo con calma, creyendo en mí, haciendo algo día con día para poder llegar a mis objetivos.

Pero no te miento si te digo que sí me gustaría ser más reconocida e influyente. Al final esto de escribir es un lenguaje universal en el que me gustaría inmiscuirme en ese pensamiento o en ese sentir de las personas, que se sientan comprendidas o que interpreten a su manera todo lo que yo escribo y pueda influir en ellas.

Todo lo hago día con día, desde mi presente, desde la calma, sin perder de vista el futuro. A veces creo que si te ensimismas mucho en el futuro te pierdes del presente o no puedes hacer las cosas si te estás proyectando tanto en el futuro, que es como estar soñando. Creo que hay que tener los pies bien puestos en la tierra.

Cuando le pregunto a algún escritor qué consejo le daría a alguien que está comenzando a escribir, las respuestas suelen ser en esencia las mismas: escribir sin pretender gustarle a nadie, escribir primero para uno mismo y luego compartirlo, etc. Por otro lado, uno de mis escritores favoritos, Carlos Ruiz Zafón, decía que se escribe para uno mismo y se reescribe para los demás. Claro que él compartía la idea de que uno debe hacer lo que se proyecta, y hacerlo para uno mismo, pero también dijo una vez que el buen arte, tarde o temprano, se vuelve comercial, lo que significa que necesariamente apunta a un público, y si apunta a un público, ya no es tan personal. ¿Qué piensas tú? ¿Para triunfar (y sí, estoy hablando de convertirse en un escritor que vende miles de libros) es necesario desprenderse de la esencia de uno mismo y darle al público lo que quiere, o se puede triunfar manteniendo un estilo personal, sin pensar en el mercado, sino solamente en uno mismo?

Concuerdo con Carlos Ruiz Zafón con eso de: «Se escribe para uno mismo y se reescribe para los demás». En mi caso, tengo que apelar nuevamente al lenguaje universal con el que uno escribe sin olvidarse de uno mismo y logrando que los demás puedan entenderlo. Porque claro que puedes inspirarte en vivencias, en situaciones muy reales, como también puedes imaginar todo un mundo, que era de lo que me preguntaste antes: si yo me inspiraba en experiencias reales o ficticias. Y creo que a veces me he preguntado eso, acerca de que el buen arte tarde o temprano se vuelve comercial y sí. Al final, si el arte es tan bueno va a llegar a más y más personas, y creo que la sociedad tiene el prejuicio de pensar que, entre menos algo se conozca, es mejor o de más calidad. Reconozco que esa apreciación puede aplicarse para algunas cosas, pero creo que hay que dejar de encerrarnos en eso, creo que todo arte, en cualquier ámbito (y en concreto, la escritura), si es tan bueno tiene que ser algo grande. La palabra “comercial” no me agrada del todo, pero sí, si algo es tan bueno, será comercial y merece que se reconozca.

Aunque también hay obras que, a mi gusto (no juzgaré los gustos de nadie), creo que son malas, muy banales; un día platicábamos de eso tú y yo, que es muy difícil que algo nos atrape, y he leído algunos libros que son comerciales que sinceramente no son buenos. Pero cada quién, pues esto del arte es algo subjetivo y a cada uno lo puede interpretar como quiera y a cada quien le va a tocar de manera diferente, entonces yo no puedo juzgar eso. Pero si algo es tan bueno, que llegue a quien tenga que llegar y que se vuelva comercial, lo importante es que el buen arte sea reconocido.

Con respecto al arte que apunta a un público, si yo, por ejemplo, no lo quiero leer, pues no lo leeré. Eso hablando como lectora. Pero hablando como escritora, siento que al final siempre apuntamos a un público y, aunque esperemos que nuestro escrito llegue a todo el mundo, llegamos en realidad a un público específico. Es como cuando hablamos acerca de la tristeza: si yo estoy escribiendo un libro que habla sobre la herida, sobre lo que nos acongoja, voy a atraer a un público interesado en ese tema. Yo lo veo de esa forma. Ya cuando lo haces de una manera pretenciosa en la que, a lo mejor, sólo quieres ser comercial sin importar lo demás, entonces ahí pierdes tu esencia, no estás siendo un escritor auténtico, sólo estás satisfaciendo a la gente de algo que quiere leer forzosamente, como, quizá, una historia de amor llena de clichés. Si haces eso, sólo por volverte comercial, estás perdiendo tu esencia. Yo sinceramente no haría eso. Si mi arte es tan bueno, de todas maneras voy a llegar a un público que se interese por el tema que estoy manejando. En mi primer libro hablo de la herida, del rompimiento, de recuperarse, de qué hay después de la ruptura y saber que te encuentras a ti mismo, y sé que a alguien le va a llamar la atención eso cuando lo lea, y va a llegar al público que lo quiera leer, pero sin perder mi esencia ni lo que quiero dar a entender. Entonces me va a leer el público que yo quiero que me lea. Si uno no pierde esa esencia, va a estar siendo fiel a sí mismo, pero si sólo lo haces por algo meramente económico pienso que no debe ser así, tiene que ser algo sincero, algo que nazca de ti realmente porque si nace de ti, te van a leer también.

Creo que se puede triunfar manteniendo el estilo personal pero no encasillarnos en eso. Mencionaba estas novelas románticas llenas de clichés y, quién sabe, a lo mejor puedo escribir una de esas novelas pero dándole mi estilo, y sin buscar una remuneración, sino sólo por querer adentrarme y, a lo mejor, también voy a descubrir cosas que me gustan y que no me gustan. Y cabe la posibilidad de que pueda escribir algo muy bueno para ese público. Pero siempre teniendo en cuenta que hay que ser uno mismo y escribir desde la honestidad.

Siento que todo escritor tiene su sello, y mientras no pierda ese sello, ese estilo, ese latido, como diría Elvira Sastre, entonces estará siendo honesto. Para mí escribir es encontrar un latido y lo encuentro cuando me leo a mí misma; creo que, si en algún momento llego a leer algo que no me provoca eso, entonces no estoy siendo honesta. Al final sí piensas en el mercado porque quieres ser leído, pero no por egocentrismo o únicamente por querer triunfar en lo económico. Todo va aunado, depende de lo que quieras escribir y cómo quieres ser leído, porque si te vas a enfocar en algo que es mentira para ti, ¿entonces para qué lo escribes?

Fotografías de Diana Glez

Ahora te tengo una pregunta, podríamos decir, clásica: ¿un escritor nace o se hace?

Siento que un escritor como tal nace, pero se tiene que ir formando, encontrando en ese ámbito. Si realmente naciste como un escritor y te das cuenta de ello, de que te gusta, de que te sientes tú mismo cuando escribes (como me pasó), no sólo te tienes que quedar con ese gusto, sino que tienes que formarte. Muchos podemos nacer escritores, pero seguir puliéndote es cuestión de entrega, tiempo, disciplina. Y puedes ir mejorando, puedes ir haciéndote un verdadero escritor. Todos podemos escribir, pero también radica bastante en adónde quieres llegar haciendo eso. Es una pregunta que siento que va ligada. ¿Qué aspiro a lograr con la escritura a largo plazo? Si sólo es por hobby está bien. Todos hemos sido escritores que hemos tenido un diario o hemos escrito algo que nos ha dolido, y te digo, si encuentras ese latido como para seguir escribiendo y seguir formándote como escritor, entonces vas por buen camino. Pero sí, el escritor nace, y si no haces nada para mejorar, entonces sólo naciste con un pequeño talento que no se va a desarrollar. Creo que tampoco debemos olvidar que la escritura es algo que apasiona, que te mueve, que lo sientes de una manera muy diferente a cualquier actividad que quieras hacer.

Hemos llegado al final de esta entrevista. Quiero agradecerte de corazón por tu tiempo, tus respuestas sinceras y, por supuesto, por las menciones que me has hecho y esa gran consideración; me hacen sentir privilegiado. Me alegra haber coincidido con una gran artista como tú, tan talentosa e inteligente. Sé que llegarás muy lejos en cualquier área que te propongas. Te lo dije antes y te lo digo ahora, aprovechando que todos pueden leerlo: tienes mi admiración sincera.

Muchas gracias. Quiero agradecer también tu tiempo, tu interés, el hecho de que me hayas hecho preguntas tan certeras, abiertas y darme la libertad de poder expresarme. Sabes también que mi admiración es sincera y tomo tus palabras como un impulso, como motivación, porque eres alguien que admiro, me gusta muchísimo como escribes desde el día uno, te lo juro. Y qué grato haber coincidido contigo, con tu arte, con tu persona. Confío muchísimo en ti, no sólo por tu talento, y bueno, poco a poco nos vamos conociendo más. Gracias por este espacio.

La verdad es que todas estas preguntas, al escucharme, me dieron respuestas a mí misma. No me olvido que va dirigido hacia un público, pero lo hice de la manera más sincera, de la manera más libre y sin pensarlo tanto, porque a veces hay que dejar hablar al corazón, sin olvidar que hay otras cosas que hay que pensar para poder ser más asertivos.

Me sentí muy a gusto en esta conversación y espero que, quienes me lean, se interesen también en mi trabajo, que se sientan identificados si es que también están en este ámbito de la escritura, que nunca dejen de creer en ellos mismos. Siempre hay alguien, aunque sea una, dos o cinco personitas, que creen en ti y que te leen y que estoy segura de que les va a gustar bastante lo que tú escribes. Sé que a veces la motivación está, pero hay que ser también disciplinados. Y siempre, todo lo que uno escriba, que venga del corazón, que uno lo sienta. Siento que la poesía es una traducción del alma que podemos plasmar. Lo estoy diciendo de una manera romántica, lo sé, pero tampoco pierdo esa realidad, también he escrito sobre las realidades y admiro mucho a esas personas que escriben acerca de la realidad que vive el mundo. No digo que no sea cierto lo que uno escribe con la poesía cuando uno es romántico, sino que es como darle una caricia en todo este caos que a veces está envuelto en uno, pero siempre hay que ser fieles a uno mismo.

Muchas gracias a ti, Heber. Un saludo a todos y que tengan una excelente vida.


Diana Glez formará parte de los autores de Sexta Fórmula a partir de hoy, y sus letras estarán acompañándonos de manera frecuente. Nos sentimos felices de que pueda estar con nosotros y le deseamos el mejor de los éxitos en su vida personal y profesional, y, por supuesto, en su carrera literaria.

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