Vivo buscando las piezas perdidas de mi rompecabezas | Joel Estrada

Soy una persona hecha añicos.
Desde que llegué a este mundo me partí en mil pedazos,
atravesado por el lenguaje,
por la mirada del otro;
atravesado siempre por la falta.
Me rompí y mis piezas se esparcieron por el mundo
	y quedé incompleto.
Vivo buscando las piezas perdidas de mi rompecabezas,
intentando cazar objetos perdidos;
vivo escindido entre las cosas que sé,
las que no sé
y las que creo saber pero en realidad no.

Aprendí a escribir como un método para escapar de la soledad, 
para ignorar el vacío de mi alma;
aprendí a escribir para intentar olvidar,
no obstante,
ahora recuerdo más que nunca.
Aprendí a escribir porque nunca aprendí a escucharme
y siempre me hizo falta la compañía
de las palabras
que jamás
aprehendí.
Aprendí a escribir para darle voz al otro,
para ser el traductor de sus deseos;
aprendí a escribir para que se pudieran escuchar aquellas voces que desean gritar.
Yo hablo por el otro.
Yo
hablo por ti.

Aprendí a escribir para darle vida al deseo del otro.
Mis letras no son más que tus pecados ocultos en la oscuridad,
aquellos fantasmas que habitan en cada esquina;
mis letras hablan por alguien más,
por otro que no soy yo.
Pero,
si mis letras hablan por alguien más
¿quién habla por mí?,
y si mi deseo es el deseo del otro,
¿otro de qué deseo soy?
Si mis letras son el sentimiento de alguien más,
¿quién siente por mí?;
si mi deseo es el deseo del otro,
¿el deseo de quién es para mí?

Me pregunto:
si yo grito por otro,
¿quién grita por mí?,
¿quién carga con mi angustia?,
¿quién habita mi fantasma?
Mis letras son las piezas de tantas almas rotas en busca de tranquilidad,
son el cumplimiento del deseo
de los sueños de alguien más
y eso me da consuelo,
pero,
¿quién sirve como pieza para mi ajedrez,
quién como ayuda para las batallas contra el dolor?

Aprendí a escribir para sofocar la angustia,
para elaborar mis duelos,
para atravesar el fantasma,
pero mis letras sofocan la angustia de alguien más,
elaboran los duelos de alguien más,
ayudan a atravesar el fantasma a alguien más.
¿Y quién me ayuda a mí,
repleto de tu angustia,
con tantas pérdidas
que no me alcanza la melancolía para contar
	ni lágrimas para la ausencia
		ni pasado para significar,
ahogado en el goce del otro?

Aprendí a escribir para vaciarme y no explotar,
pero mis letras son la válvula de escape para alguien más.
Y me pregunto,
¿en dónde está el desagüe de esta falta que me atraviesa,
en qué objeto desemboca el deseo que me habita,
cómo encuentro lenguaje al síntoma?
Aprendí a escribir para ser más yo y menos otro,
para simbolizar aquello que perdí,
olvidando
	aquello que perdí
		terminó por nombrarme
			a mí.

—Joel Estrada

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