¿Quién es el amor? – Paulina Mora

El amor tiene nombre de acción,
de verbo,
de amar hasta rabiar,
de inocua existencia,
de invisibilidad,
de paciencia,
pero sobre todo el amor se apellida confianza.

El amor aterriza sus pies mientras va corriendo,
mira hacia atrás pero no por melancolía sino como aprendizaje,
el amor acaricia,
el amor no pega,
no lastima,
el amor no forza,
no se estira,
pero tampoco es una línea recta,
aunque tampoco diría que dé vueltas,
que gire en su mismo eje,
ni que sea circunferencia,
el amor tiene una forma extraña que por más que intento encontrarla con una lupa no la hallo.

El amor suena a melodía,
a silencio,
el amor sabe a miradas,
a sexo,
a disturbio,
quiere pero no presiona,
habla pero no grita,
murmura pero se hace escuchar,
y se siente pero no empuja.

El amor tiene dos pies izquierdos
porque baila a tientas,
aunque siempre lo hace a tiempo,
el amor no es puntual,
aunque tampoco llega tarde,
podría decirse que es exageradamente exacto.

El amor no es ciego,
pero tampoco distingue de matices,
colores,
sabores,
texturas,
o de números.

El amor corre cuando lo persiguen
y se queda quieto cuando ha encontrado la paz,
el amor está en cada pestañeo,
en cada suspiro,
en uno que otro beso,
porque a veces hay otros que se hacen pasar por el amor
como el cariño,
el apego,
y es cuando uno cree que el amor no es sincero.

El amor no se disfraza,
sino que va desnudo por la vida
va tocando con sus manos grandes con las cuales abraza por doquier,
y su mejor amiga es el tiempo,
ya que juntos van construyendo puentes,
murallas,
pasos de peatones,
casas,
refugios,
aunque hay veces en que juntos destruyen todo eso para que alguien nuevo toque la puerta.

El amor se sienta a lado de los solitarios en el autobús,
y guiña el ojo en los bares,
el amor coquetea
y es libre,
es increíblemente libre,
porque el amor tiene perfectamente claro que la cordura no ata.

El amor es un poco torpe,
ingenuo,
duerme una noche de abril y hace que lo despierten al día siguiente;
el amor respira y también se queda sin aliento de ir buscando pistas en falso.

Yo encontré al amor una vez,
fue intenso,
pasional,
me hizo perder la cabeza,
escribí poesía con estos dedos rotos,
y no avisó cuando se marchó,
aunque pensándolo bien quizá sí lo hizo,
lanzó pequeñas señales de humo y se quedaba dormido en las películas,
ya no me invitaba con sus amigos y la incertidumbre se metió en mis sueños.

Lo descubrí hace unos años y se me ha escapado,
estoy segura que ahora camina por Madrid o me espera en alguna ciudad extraña,
escucha blues y finge que ya no me extraña;
ahora espero en el lugar de siempre,
con el vestido de siempre,
con la sonrisa de siempre
a que regrese,
o a que se presente en un nuevo cuerpo.

El amor se ha escondido por ahí,
a veces he visto retazos de él,
se aparece por aquí,
y huye por allá,
pero estoy segura de que algún día me saludará como una vieja amiga,
nos tomaremos una copa de vino,
y se sentará en mi sofá
para no marcharse más.

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