Sal de rosa – Solcan Jair

Es tan fuerte la alegría,
demasiado como para no llorarle
a la frágil mariposa, a la sombra de mamá
porque en un instante Dios nos ciega
con la luz de toda vida.

Es tan fuerte la sal rosa
que me como en la verdura
porque pronta sale en mis ojitos
cuando algo que no entiendo
me conmueve hasta el llanto.

Más rico que cualquiera que acumule
oro en piezas blancas, rosas y doradas,
me declaro, pues sin temor declamo
lo bello, lo frágil, lo mitológico
de una emoción pasajera
o la más sincera frustración.

Sobre el autor

Nací en un pueblo de Veracruz húmedo y asolador. Emigré a la Atenas veracruzana a los cuatro años, donde aprendí a cultivar la pintura, la música y la literatura, enamorándome de dichas formas de manifestar el poder de creación del que gozamos como especie. Creo en el misticismo religioso y en la transmutación del dolor a través de la fe, ciega de preferencia. Soy hombre casado y de familia, siervo de Dios. El 90 % de mis amigos son caninos. Respirar y sentir que inhalo y exhalo junto con el mundo es mi idea de paz terrena. Practico —ya sea dormido o despierto— el jazz y el ensueño.

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