[ENSAYO] El alma y el medio – Josué Cálur

Estamos aquí para reírnos del destino
y vivir tan bien nuestra vida
que la muerte temblará
al recibirnos».

Charles Bukoski

Fiódor Dostoievski habla en uno de sus libros (Crimen y Castigo) sobre algo llamado «el alma viviente». Según Dostoievski, el alma viviente es aquella capaz de doblegar al medio según sus aspiraciones, necesidades o caprichos.

Ahora bien, ¿qué es el medio? A juicio personal podría decir que el medio es un cúmulo complejo de culturas, costumbres, valores, tanto, sociales como religiosos, incluyendo a su vez normas y parámetros de conducta que rigen el actuar del ser humano. En ese sentido se podría decir que el medio es aquel que hace o pretende una relación armónica entre los seres humanos. Pero según el planteamiento de Dostoievski, el medio es aquel que se encarga de doblegar el alma y el espíritu del ser humano a la mínima expresión, con el fin de que sea moldeable o, como él mismo lo llama, «un hombre ordinario» (valga la aclaración: al momento de decir hombre me refiero también a la mujer; mantengo esa fórmula con el fin de ser fiel al citar a los escritores).

Teniendo en cuenta esto, me permitiré citar a Bukowski: «El hombre es víctima de un medio que se niega a comprender su alma». Según lo que nos enseñan, el medio es bueno para la humanidad, ya que este provee de armonía, pero no del todo es así. No sé si Bukowski escribió eso con base en lo que Dostoievski dijo, pero yo me permitiré relacionarlo. Es claro que el fin principal del medio, según los escritores citados, no es proveer la armonía, sino hacer al ser humano sumiso y vulnerable para convertirlo en un hombre ordinario, el cual tendrá un trabajo ordinario, sueños ordinarios, pensamientos ordinarios… en fin, una existencia ordinaria. Y este hombre ordinario pasará toda su vida siguiendo el mismo guion, hará lo que otros dijeron que se debe hacer para ser feliz. Este no cambiará a la humanidad, no se opondrá al medio; es más, quizá ni siquiera sabe que el medio existe. Solo será ordinario.

Volveré al punto inicial: «El alma viviente». Dostoievski también usa el término «hombre extraordinario». En este sentido, es aquel que tiene las agallas de someter al medio a su voluntad, es aquel que tiene la libertad —no porque se la den, sino porque él mismo se auto-proclama libre— de hacer lo que quiera.

El hombre extraordinario es aquel que posee, según Dostoievski, un alma viviente. Es libre. Bukowski dice: «El alma libre es rara, pero la identificas cuando la ves». Un hombre extraordinario es aquel que se muestra y se levanta sobre todos, con ideas nuevas, sueños grandes. Es un hombre visionario, el cual, al ver la patética vulgaridad del medio, quiere cambiarlo. En la historia hay muchos hombres extraordinarios, muchos buenos y otros malos: Newton, Hitler, Tesla, Sócrates, Katherine Johnson, Marie Curie, Juana de Arco…

Ya sea para bien o para mal, el alma viviente hace que el medio salga de su zona de confort, independientemente la rama en que este actúe, con el fin hacer valer sus propios pensamientos y hacer que los hombres ordinarios dejen de serlo, saliendo así de la esclavitud del medio y ser verdaderamente libres.

La humanidad necesita de más almas vivientes para poder cuestionar todo lo que nos rodea y hacer que el medio sea el sometido. Y, en cierta medida, todos podemos ser esas almas vivientes. En lo más pequeño, en el más mínimo cuestionamiento, nosotros comenzamos a dejar de ser ordinarios.

Sobre el autor

Escritor por necesidad más que por otra cosa.

En febrero del año 1998 conocí el mundo. Salvadoreño, poco patriótico pero amo a mi país.

Mis primeras pinceladas de la escritura las tuve a la edad de ocho o nueve años; escribía canciones y se las cantaba a Deisy, mi prima. Sin embargo, fue hasta los quince años que escribí la primera canción de una manera más seria, y ahí descubrí que necesitaba escribir. Inspirado en proporciones iguales por el amor y el desamor, los poemas surgen sin mayor esfuerzo. Impulsado por Bukowski y deseo enorme sobre la inmortalidad, las palabras son mi as bajo la manga.

Estudiante de la carrera de Contaduría Pública y melómano por vocación.

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