El vaso de vino | Carlos Arrighi

Las circunstancias de su llegada al país son poco claras; la versión a la que subscribo está influenciada por las historias de aventuras de los cincuenta y sesenta. Según esta tradición el Doctor habría llegado en un velero desde el viejo mundo escapando de la gran guerra. Había sido llamado a cumplir servicio médico de campaña y, tras algunos meses en el frente, se las arregló para desertar y buscar refugio en el fin del mundo. Antes o después de asentarse en la Patagonia lo encontramos en la febril Buenos Aires con un pobre manejo del idioma y siendo víctima de los insignificantes precios del alcohol. El Bajo ya entonces era el Bajo, con ese nombre que explica tanto su status geográfico como moral; aunque hoy sabemos que lo que se consideraba una característica determinada por el entorno resulta ser un emergente de un conjunto de cosas podridas localizadas a lo largo, ancho y profundo de la sociedad -el lector puede proyectar estas tres dimensiones en la del tiempo y así-. Aunque esto no rescata al Bajo de su lugar, ni de su nombre. De hecho nos aprovecharemos de su fama situando al Doctor en uno de sus locales históricos. Allí se expresa etílicamente como el mejor; incluso sus modales se enrarecen. Su porte soberbio comienza a molestar a un compadrito con quien empieza un duelo a puñetazos. Dos Vigilantes aparecen cuando ambos contendientes se encuentran exhaustos para  llevarlos al calabozo. El Doctor pasa la noche en vela, mirando la pared y recordando a su familia en el extranjero. El recuerdo de su anciana madre le atraviesa el rostro como un relámpago negro. Se pregunta cómo lleva su soledad y si, de estar  a su lado, su compañía aliviaría en algo la ausencia de su padre y de su hermano menor. Sueña despierto que vuelve lisiado de la guerra a la casa materna, recorre los pasillos con dificultad. Encuentra a su madre en una habitación polvorienta acurrucada contra un rincón. Él se acerca a ella para llevarla fuera y la toma del hombro, ella dice “Suéltame” y luego le muerde el brazo. El Doctor vuelve en sí con un agente llamándole la atención. Jura no beber de nuevo hasta el día de su muerte. Postrado en una cama frente a algunos de sus hijos y nietos pide un vaso de vino, se duerme y no vuelve a despertar.

Carlos Arrighi

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