Amore – Giorgio Manganelli

Palacios de lluvia nacen, fluyen; el corazón me late, puesto que no distinta podría ser tu morada. Lloro, y mi llanto es la lluvia que conforta al bosque; el bosque aprecia mis lágrimas, que considera, no sin razón, un gesto de respeto. Avanzo hacia un palacio de agua, ecuóreas siluetas de animales silenciosos, fantasmas acaso humanos. Se disipa, reaparece, se desvanece, tal vez para su propia aflicción. El bosque me concede el avanzar.

¡Admirable mundo nocturno! Mundo exento de formas, de lugares, un sonido es un minúsculo animal, y no podrás distinguirlo de un silbo de sierpe, la descompuesta tela de un árbol, un fermento mohoso, la muerte de una mariposa, consumida por una meditación filosófica innatural. Cualquier ruido podría ser tus pasos; si avanzo por el musgo amigo e indiferente, mis andares no difieren de los tuyos, y yo juego a estarte cerca, disociación mía. Ojos agudos distinguen rocío de fantasmas, vislumbran flores que escriben cartas de adiós, antes de que se ejecute la condena a muerte, el mador noctámbulo de la hierba ofrece una ficción de lágrimas para la inminente angustia; todo ello me es ofrecido en obsequio: yo lloro, yo escribo, yo me consumo y atenúo, camino, ininterrumpidamente medito, me contamino de mí mismo, ininterrumpidamente muero, y delego mi amor, que me da la vida para matarme, en la noche, en el bosque, sonidos y silencios.

¿Seré yo, por lo tanto, un minúsculo animal de pie suave en la hierba, y perdido, ilocalizable; o la menudencia de mis miembros, la exención de un nombre, hace que no pueda perderme nunca y que por doquier sea nutrido yo por el bosque, y lo que creo tibieza de mi cuerpo no sea otra cosa más que calor de la mano aboscada que me sostiene? ¿Así pues, amor, estamos nosotros, tú y yo, sobre esta mano, y por lo tanto desde siempre juntos, o se ha instituido entre la mano y tú una complicidad a la que no tengo acceso? No oso fantasearte como mano y, sin embargo, eso precisamente es lo que hago, camino y rebusco, avanzo e indago, y siempre estoy en el mismo sitio, y ese sitio eres tú, amor.

Traducción de Carlos Gumpert

Sobre el autor

Giorgio Manganelli fue un escritor italiano inclasificable. Además de sus prosas creadoras, ejerció también —y extensamente— como crítico, periodista, ensayista y traductor.

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