Tengo miedo del miedo que tengo cuando me faltas | Joel Estrada

Sigo soñando con tu hermosa sonrisa todas las noches.
En mi fantasía seguimos juntos,
viajamos por todas las ciudades,
navegamos por mundos que sólo tú y yo conocemos,
recorremos las mismas calles una y otra vez,
siempre cogidos de la mano;
me besas,
te beso,
me amas
y yo duermo acurrucado sobre tus pestañas.

Durante la madrugada me atormenta el silencio de tus seseos,
ha pasado tanto tiempo desde la última vez que los escuché
que ya no recuerdo cómo sonaban al decirme cuánto me amabas.
Me hierve el vientre de las ganas que tengo de habitar el tuyo
y tengo miedo del miedo que tengo cuando me faltas;
me tiemblan los muslos al pensar que tu lengua recorre los caminos de otra vida,
al saber que no volveré a escucharte reír,
ni llorar,
ni gritar,
ni gemir.

Aprovecho tus breves apariciones para matar al tiempo sobre tu espalda y unir nuestras diferencias,
hacer coincidir mi piel con tu saliva,
mis manos con tus deseos,
para perderme en tu mirada y encontrarte en mi cuerpo,
para volver a ser uno.
Aprovecho el compromiso onírico para fundirme con tu fantasma,
atravesar el umbral de lo imposible y besar cada letra de tu nombre;
deseo que mi boca sepa a ti,
sólo a ti.

Quisiera volver a abrazar tu cintura,
disolverme entre tus brazos,
envolverte el alma en un apretón tan fuerte que se te quiebren los suspiros.
Soy consciente de que un día te veré por última vez
y después
ya no habrá después.

Quisiera rebobinar al universo,
regresar a ese puente elevado,
a ese frío agosto,
a nuestra última Navidad compartida
y explicarte lo complicado que es cambiar un cuerpo por otro diferente,
deseando siempre encontrar al pasado en cada nueva adquisición;
explicarte lo complejo de memorizar el aroma de una piel
y acostumbrarse a un olor extraño
y abrazarlo por la madrugada
en un intento vano por experimentar el calor humano que tanto se añora.

Quisiera explicarte lo confuso que es pensar que serás tú la que pague los platos rotos
y otra la que disfrute la mejor versión de mí;
explicarte que no quisiera,
que deseo volver,
que te quiero conmigo,
que sé que me quieres ahí;
explicarte lo difícil que es hacer que entiendas que no buscas amor,
ni siquiera un cuerpo humano,
tan sólo un refugio de piel y huesos
y sangre
y saliva,
para no morir congelada en el invierno,
para no morir de frío en las noches que te hago tanta falta.

Joel Estrada

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