Vuelve, que te extraño | Paulina Mora

Pensé que caminabas a mi lado,
pero solo deambulabas por mi paso,
creía que éramos invencibles,
solo yo lo era.

Quería decirte que no quiero que te vayas,
que todos los insomnios siempre han sido tuyos,
pero nunca compartimos más que noches de desvelos.

Dicen que las ojeras son el rastro de un amor que sí existió,
por lo menos, para mí sí sucediste.
Aunque solo te recuerde en canciones,
éramos momentos,
eso fuimos.
¿Fuimos?

Ahora no tengo que recordarte,
porque pensaba que los futuros serían nuestros,
y que el olvido nunca vendría a tocar mi puerta,
que seríamos esas líneas que siempre terminan cruzándose.

Roto,
de verdad que roto.
Todo roto.
Pero no se rompe todo de un golpe,
sino que yo sabía que te ibas a marchar,
lo hiciste poco a poco,
apenas me di cuenta.

Me has pedido un tiempo,
tiempo que para mí no pasa,
tiempo que cada vez se hace más difícil tragar,
tiempo que arde conforme los segundos pasan.

Tiempo, te lo he dado todo:
el de mis desvelos,
el de las canciones,
el de las lágrimas.
Tiempo, mucho tiempo.

Porque sé que has olvidado ya mi nombre,
ese que nunca supiste pronunciar sin amor de por medio.
Ese que ya has olvidado porque he fallado más de una vez.

Los dos fallamos,
mientras hieres todo lo que te escribo,
aquí te dejo un intermedio,
un descanso,
una última sentencia:
“Vuelve, que te extraño”.

Paulina Mora

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