Me voy | Paulina Mora

Me voy, amor olvidado, antes de que tú lo hagas, porque necesito ser libre sin todas tus ataduras que lo único que hacen es ahorcarme hasta no sentir nada por nadie más.

Lo que te pasa es que tienes un miedo de los cojones que no te deja ni respirar, porque sabes bien que el día que yo me marche no volveré jamás.

No es amenaza, es un simple aviso con fecha de caducidad.

¿Alguna vez has pensado que quizá sí éramos nosotros pero no nuestro tiempo?

Esa pregunta lleva matándome las dudas, como si supiera exactamente el lugar en donde te llevo para que nada ni nadie pueda alterarte, para que permanezcas inmaculado, intocable.

Pero todas las cartas se me están acabando, aquellas que llevaban tu nombre, parecían minutos invertidos y pensaba que contigo tenía el caballo ganador, un blackjack redondo.

Se sentía como si la ruleta nos hubiera dado ases rojos para seguir compitiendo con esas monedas de acrílico, para seguir juntos embadurnados de la emoción de luces de noche y los besos a escondidas, llenos de pudor como nuestras apuestas a ciegas.

Pero de pronto, la adrenalina dejó de correr por nuestras venas, las respiraciones se acompasaron, las manos bajaron y solo éramos tú y yo en un mundo ficticio, en un mundo donde solo había rojo o negro.

Yo había apostado todo a por ti, y recordé la típica frase de mi papá cuando se trataba de apuestas:

Nunca lo entregues todo al perdedor.

Paulina Mora

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