En deuda con ella | Aldo Ambros

Jamás había visto una sonrisa tan radiante como la de ella, transmitía una paz inmensa que juro que podría tener el poder de detener todas las guerras y dejar sin palabras a los poetas.

Se reía con tanto júbilo, que cualquiera que la viera podría pensar que jamás en su vida ha sabido de tristezas, las cortinas de su habitación y las nubes se abrían de par en par, para que el primer albor acariciara sus pestañas.

Por eso las mariposas y los colibríes la seguían a todas partes, jugaban con su cabello y se posaban en sus hombros, como si ella poseyera el néctar de todas las flores.

Por las noches la luna y las estrellas la veneran, mientras se pierde en un sueño profundo, como si no le debiera nada al mundo, hasta pareciera que fuese todo lo contrario, que el mundo estuviese en deuda con ella.

Aldo Ambros

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