Crisálida | Carlos Cavero

Yo la llamaba Crisálida
y ella tarareaba con los labios cerrados
siempre que estaba nerviosa

Había abrazado la paz de su infancia
-memorias caídas de su único árbol
como misiles de secoya-
para jamás soltarla de entre sus brazos
y así entre canturreos su zona
de comfort pálida
giraba en la jaula del pecho
era un gorrión de lumbre
o una luciérnaga
para todos quienes teníamos
de alguna forma
la paciencia se sentarnos a observarla

Crisálida detuvo tempestades enteras
con las palmas de sus manos
era una niña fuerte como las cuerdas
que se preparan
en las cavernas
para salir armados al patio de la horca

Con ademanes de princesa combatía los embates
del clima de la mente y de su exhausto compañero

¡Ah por la noche besaba con la humedad de los pantanos!

Crisálida era un hada en el desgaste de los pasos
hacia la propia muerte

Jamás se fue del todo

Dejó su vidrio frágil
con la inscrición "Rómpeme
en caso de que llore en do menor una esperanza"

Yo dejé una llave en su escritorio

Así aullamos a la luna cuando estamos enfermos
y mantenemos ambos la conciencia saludable
si es que después de despojados de recuerdos
son la transparencia y el discurso sobrio
privilegios
aún alcanzables.

Carlos Cavero

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