Catequesis de la abuela | Juan Antonio Jiménez

A amada, tierra fértil donde abunda mi alma.

Mil historias cuenta la abuela
de perlados cabellos y cenizas manos,
carga con arrugas en la cara
y cicatrices en el corazón.

Ella ha colocado una vela con mi nombre
en la mesa de los santos,
el día de mi nacimiento.

Me ha enseñado la importancia
de regar las plantas todos los días.

A desconocer a la vergüenza
cuando la necesidad
toca la puerta del estómago.

A leer el cielo,
de día por medio de raudales;
y en la noche,
cada que aparecen los luceros.

A persignar con canela la comida,
para que llegue a bocas del necesitado
y a la voluntad del ciervo.

A ofrecer las rosas de castilla en el altar de los santos
para empapar con sus pétalos la piel,
cuando duele el corazón,
cuando el alma no sana.

A ramear el cuerpo con ruda y albahaca
cuando somos visitados
por los tétricos brazos de la muerte.

A sacrificar a las gallinas por su plumaje
y a los gatos por sus ojos.

A entretejer los cabellos a medio día,
y entretejer con ellos los penares.

A bendecir el agua con los rayos del padre sol.

A presagiar la muerte en el llorar de los perros
y en el grito del ave que corta la mortaja.

A predecir visitas en el canto del gorrión pecho amarillo.
A ser pariente del comal
y enemigo del consumismo y las brasas.

A viajar con el aroma del copal en fechas especiales.

A atrapar los malos sueños en los hilos de la hamaca.

A vivir con paz y no con prisa.

La abuela me enseñó
básicamente,
a ser feliz.

Juan Antonio Jiménez

Poeta mexicano/oaxaqueño

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